La celebración de los dos años de mandato de Juan Manuel Santos estuvo antecedida por lo que el mandatario llamó la vuelta a Colombia. El Presidente viajó por todo el país presentando el balance de su gestión. La actividad se caracterizó por ser una excelente puesta en escena, en cada punto se montó una gran escenografía alusiva a los temas a tratar. Los funcionarios prepararon muy bien su libreto, armados con muchas cifras le daban la lección al mandatario. Los informes estuvieron tan preparados y acartonados que fácilmente daban la sensación de maquillados.
Hasta los regaños a los funcionarios parecían ensayados y direccionados a desviar la atención de la opinión pública hacia elementos coyunturales y no hacia los problemas estructurales del funcionamiento del Estado. Definitivamente, Santos subestima continuamente la capacidad de crítica de los colombianos. Un buen ejemplo es la polémica desatada en torno a la problemática de las cárceles. Durante la rendición de cuentas en seguridad, el presidente puso en bandeja la cabeza del director del Inpec, con lo que no contaba era que la opinión pública le devolvería la pelota evidenciando que el problema carcelario era de falta de inversión en las cárceles y reflejo de la crisis en la justicia.
Esta maratón de actividades fue otro error en las comunicaciones del Presidente que, contrario a mejorar la percepción que tienen los colombianos sobre su gestión, aumentará su mala imagen. En este nuevo impulso, si el presidente quiere repuntar en imagen debe recordar que en política la percepción es la única realidad que cuenta. Sin duda, el presidente Santos tiene que replantear su esquema de comunicaciones, pues hasta el momento son muchos los tiros que se le están yendo por la culata.
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jorge









