Más allá de la emoción que produce ver rodando de nuevo el tren de carga entre Buenaventura y Yumbo, que fue reinaugurado por tercera vez en la última década, luego de estar ocho meses paralizado, lejos está Colombia de reactivar de verdad el transporte férreo.
Si bien el presidente Juan Manuel Santos anunció que la idea es que el Ferrocarril del Pacífico, como fue rebautizado el tren que va a Buenaventura, llegue hasta Caldas, en los otros intentos abortados también se dijo lo mismo, pero no se cumplió, y no pasó nada porque en esas oportunidades al igual que ahora, el regreso de las locomotoras no se dio como parte de una estrategia nacional estructural de transporte intermodal, sino como un proyecto aislado.
Por muy buena fe que haya por parte de los inversionistas, mientras el Gobierno Nacional no le apueste de verdad al transporte férreo, las posibilidades de contar con el tren de carga en el largo plazo seguirán siendo inciertas, porque además las carrileras siguen siendo de trocha angosta, los trazados obsoletos y las máquinas del siglo pasado.
Si Colombia invirtiera en el tren como debe ser, lograría grandes avances en materia de competitividad gracias a la disminución de los costos y los tiempos del transporte de carga desde y hacia los puertos. En el caso particular de Buenaventura, con una vía en tan malas condiciones que dificulta y encarece el movimiento de la carga en camiones y tractomulas, se hace más necesario el ferrocarril, pero para que este sea una verdadera alternativa frente a la traumática doble calzada, debe modernizarse, o de lo contrario, como en su periodo anterior, también sufrirá bloqueos por derrumbes, como ocurre frecuentemente con la carretera.
Ojalá la reactivación del tren de carga sea el principio de la transformación del transporte férreo en Colombia, porque si no se le aplican los cambios estructurales que requiere, el panorama seguirá siendo el mismo.









